Two-story white plantation house with green shutters and wraparound porches

A apenas unos kilómetros de Baton Rouge, en el pequeño pueblo de St. Francisville (Luisiana), se levanta una casa que presume de un título inquietante: “una de las casas más embrujadas de Estados Unidos”. La Myrtles Plantation, con sus robles cubiertos de musgo español, sus amplias galerías y su hierro forjado, parece sacada de una postal del Viejo Sur… hasta que uno escucha las historias que se cuentan sobre ella. Pero, como suele ocurrir con las leyendas más célebres, conviene separar lo documentado de lo imaginado.

Una mansión con dos siglos de historia

La Myrtles fue construida en 1796 por el general David Bradford, una figura curiosa de la historia estadounidense: había sido uno de los líderes de la Rebelión del Whiskey en Pensilvania y huyó al entonces territorio español de Luisiana para escapar de la justicia federal. La casa, de estilo cottage criollo, fue ampliada y embellecida por propietarios posteriores hasta convertirse en la elegante residencia que conocemos hoy.

Como tantas plantaciones del Sur anterior a la Guerra Civil, su prosperidad se construyó sobre el trabajo de personas esclavizadas, un trasfondo histórico real y trágico que conviene no olvidar bajo la capa romántica de las historias de fantasmas. La propiedad está incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos desde 1978.

La leyenda de Chloe

El fantasma más famoso de la Myrtles es Chloe (a veces escrito Cloe o Cleo). Según la versión más difundida, era una mujer esclavizada del matrimonio Woodruff. La leyenda cuenta que, tras ser sorprendida espiando conversaciones, o tras una relación forzada con el dueño, Clark Woodruff, le cortaron una oreja como castigo, y por eso llevaba siempre un turbante verde para ocultarlo.

Buscando recuperar el favor de la familia, Chloe habría preparado un pastel envenenado con adelfa, con la idea de enfermar a los niños y luego curarlos para hacerse indispensable. El plan salió mal: la esposa, Sara Woodruff, y dos de sus hijos habrían muerto por el veneno. Descubierta, Chloe fue ahorcada por los demás esclavos y su cuerpo arrojado al río Misisipi. Hoy, muchos visitantes aseguran ver a una joven con turbante verde rondando los pasillos.

Lo que dicen los registros históricos

Aquí es donde la historia se vuelve interesante. Las investigaciones documentales no respaldan la leyenda de Chloe. Revisando los registros de propiedad de los Woodruff, que se conservan en St. Francisville, no aparece ninguna persona esclavizada llamada Chloe ni Cleo. Es muy probable que el personaje, tal como lo conocemos, simplemente nunca existiera.

Además, los hechos contradicen el relato del envenenamiento: Sara Woodruff y dos de sus hijos murieron de fiebre amarilla, no envenenados, y otra hija, Mary Octavia, sobrevivió hasta la edad adulta. La fiebre amarilla era una causa de muerte trágicamente común en la Luisiana del siglo XIX.

Buena parte de la fama sobrenatural de la casa se consolidó en el siglo XX. En la década de 1950, la propietaria Marjorie Munson recogió y difundió relatos locales, y con cada autor, tour y equipo de televisión que pasó por allí, las historias fueron creciendo y multiplicando el número de supuestas muertes.

El único asesinato comprobado

Curiosamente, el episodio más escalofriante de la Myrtles es también el más real. En 1871, William Winter, entonces vinculado a la propiedad, fue tiroteado por un desconocido que apareció en la galería de la casa. Es la única muerte violenta históricamente documentada en la plantación.

La leyenda añadió después el detalle más célebre: que Winter, malherido, logró arrastrarse escaleras arriba y murió en el decimoséptimo escalón, en brazos de su esposa. Aún hoy hay quien dice oír sus pasos deteniéndose siempre en ese mismo peldaño. El asesinato nunca se resolvió.

Otras historias… y mucha televisión

El catálogo de leyendas de la Myrtles es amplio: un supuesto cementerio indígena bajo el terreno, soldados de la Unión abatidos en el salón, manchas de sangre imposibles de borrar y un espejo que, según se dice, atrapa los espíritus de Sara Woodruff y sus hijos. La mayoría de estos relatos son embellecimientos posteriores más que hechos verificables.

Lo que es innegable es su atractivo mediático. La plantación ha aparecido en Unsolved Mysteries (2001), Ghost Hunters (2005) y, más recientemente, en la docuserie de Netflix Files of the Unexplained (2024). Hoy funciona como un bed and breakfast con visitas guiadas, donde los huéspedes pueden pasar la noche en las habitaciones originales… si se atreven.

Conclusión

La Myrtles Plantation es un ejemplo perfecto de cómo la historia y el mito se entrelazan hasta volverse inseparables. Detrás de la pintoresca leyenda de Chloe hay una verdad más sobria pero igual de conmovedora: una casa marcada por la esclavitud, la enfermedad y una muerte violenta sin resolver. Visitarla con curiosidad y espíritu crítico permite disfrutar del escalofrío sin perder de vista la historia real que lo sostiene. Y si pasas cerca de St. Francisville al caer la tarde, no te extrañe sentir que la casa, en efecto, te observa.

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